miércoles, 10 de junio de 2015

El paradero de la Copa del Mundo en la II Guerra Mundial

El primer Mundial de fútbol tuvo lugar en Uruguay en 1930. Dos años antes, el por entonces presidente de la FIFA Jules Rimet, había encargado al prestigioso escultor francés Abel Lafleur la creación de una copa para entregar al ganador. Fue en la joyería Christofle de París donde se realizó el trofeo en el cual estaba representada la diosa griega Niké sosteniendo una copa. Fabricado en oro macizo, tenía una altura de 35 centímetros, pesaba casi 4 kilogramos y su coste fue de 50.000 francos suizos.

Antes del inicio de la II Guerra Mundial se celebraron tres Campeonatos del Mundo con Uruguay e Italia en dos ocasiones como vencedores. En la historia los tres primeros capitanes que tuvieron el honor de levantar la Copa Victoria (así se llamaba entonces), fueron José Nasazzi, Gianpero Combi y Giuseppe Meazza en 1930, 1934 y 1938 respectivamente. El conflicto bélico estalló en 1939 y en ese momento la copa estaba en poder de la Federación italiana de fútbol.

Jules Rimet entregando la Copa a Meazza en 1938

Los nazis invadieron muchos territorios europeos y bien es sabido que entre sus objetivos estaba hacerse con tesoros, obras de arte y piezas de museo. En un principio el galardón se encontraba en una caja de seguridad de un banco de la capital Roma. Sin embargo, el vicepresidente por entonces de la Federación italiana, el señor Ottorino Barassi, no estaba muy convencido de si era el sitio más adecuado y en secreto la sacó del banco. Su paradero no fue otro que la casa que tenía en la Piazza Adriana y más concretamente su habitación. Allí debajo de la cama y en una caja de zapatos refugió al trofeo de las garras del Tercer Reich.

Una mañana del año 1941 varios miembros de la Gestapo se presentaron por sorpresa en su hogar. Le interrogaron sobre el trofeo y si sabía donde se encontraba. El directivo transalpino negó conocer el paradero y les comentó que el CONI (Comité Olímpico Nacional Italiano) y la Federación de fútbol probablemente lo habían enviado a Milán. Los hombres de la policía secreta alemana registraron algunos rincones de la casa pero al no encontrar nada se marcharon resignados.
 
En 1943 la copa pasó de nuevo a manos de la Federación italiana que depositó su confianza en el abogado Giovanni Mauro. El letrado, un hombre de fútbol, le entregó el trofeo a su amigo Aldo Cevenini, exfutbolista de Milan, Inter o Novese, para que lo ocultara en su casa de campo de Bembrate di Sopra, a las afueras de Bérgamo.

Cuatro años más tarde la copa volvió a la FIFA con vistas al Mundial de Brasil, ya bautizada como Jules Rimet en honor al presidente de origen galo, después del acuerdo al que se había llegado en 1946 en un Congreso del máximo organismo del fútbol celebrado en Luxemburgo.

Barassi y Cevenini, dos de los guardianes del trofeo

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